Ocho latidos, un solo corazón. El eco de nuestra identidad.




El corazón de Canarias no late en un sólo punto, sino que siempre resuena al unísono en ocho islas diferentes, unidas por la inmensidad de nuestro Atlántico. Hay días como este que acaba de pasar, el 30 de mayo, en que esa sintonía se siente más fuerte si cabe, más vívida, mientras el viento alisio nos recuerda con su caricia fresca, que somos hijos de una tierra con única cultura, historia y hogar. 

Dicen que el corazón de un canario no cabe en una sola isla, que se expande, como una malagueña que empieza en un rincón y termina abrazando el archipiélago entero. 

Ser canaria es entender que nuestra identidad es un mosaico vivo: nuestra indumentaria, nuestra gastronomía, nuestra música, nuestra forma de celebrar y de compartir juntos como pueblo. Al cerrar los ojos, escucho el repiqueteo de las chácaras y el alma del timple entrelazándose con la guitarra, la bandurria y el laúd; instrumentos que, al igual que nuestra gente, cuentan historias de resistencia y alegría. 

Como lagunera, como canaria, caminar por las calles hoy es reencontrarme con esa versión de mí misma que se siente privilegiada de pertenecer a este lugar. Es sentir que, en cada rincón, en cada adoquín, hay una historia que nos reclama y nos abraza. 

Porque siempre voy a llevar conmigo esa isa, esa folía, esa malagueña, que les cantaba a mis abuelos, esa que aprendí con entusiasmo cuando era chiquita, y que esperaba con emoción poder volver a cantarla en una parranda. 

Para mí, esta fecha es una sinfonía. Escucho el timple, el laúd, las castañuelas... resonando en nuestras plazas, instrumentos que no son solo madera y cuerdas, sino el hilo conductor de nuestra historia compartida. Es emocionante ver cómo la indumentaria tradicional, tan diversa y rica en matices, nos recuerda que cada isla ha aportado un color distinto a este tapiz cultural que hoy lucimos con devoción. 

Como música y lagunera, no puedo evitar sentir que, cada vez que las isas y folías comienzan, se detiene el tiempo. Es en esos momentos donde mi autismo y mi pasión por la cultura se encuentran: en la estructura perfecta de nuestra música tradicional y en la calidez humana de compartir estas fiestas. Somos ocho islas latiendo al mismo tiempo, un archipiélago que sabe que su mayor tesoro es su gente y su memoria. 










 


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