Entre adoquines y compases.
Hay lugares que no solo se habitan: se sienten, se respiran y, en ocasiones, se convierten en una extensión de nuestra propia alma. San Cristóbal de La Laguna es, para quien esto escribe, mucho más que una ciudad trazada sobre planos históricos; es un lienzo donde cada fachada, cada blasón y cada iglesia susurra una historia que merece ser escuchada con detenimiento.
No busquen aquí ecos de salones de té donde las lenguas afiladas desmenuzan vidas ajenas. Quiero ser cronista de la belleza que a menudo pasa inadvertida. A través de mis ojos y mi pasión por la música, la cultura, el arte y la literatura quiero invitarlos a redescubrir Canarias no como un destino de postal, sino como un organismo vivo, lleno de arte, cultura y una tradición que palpita con fuerza.
Mi sensibilidad, a veces intensa, y siempre con el filtro del autismo y el TDAH, no es un impedimento, sino el filtro necesario para percibir los matices que otros pasan por alto. Aquí intentaré descubrir la historia dándole la mano con mi propia emoción personal, con el escalofrío que produce caminar por una plaza al atardecer o el silencio que sobrecoge ante un convento antiguo.
Lady Lacunensis será nuestro rincón. Un espacio donde la historia se vuelve cercana y donde la cultura no es un ejercicio académico, sino un abrazo.
¿Me acompañan? Les invito a que dejemos de lado las prisas del mundo exterior, que callemos el ruido de la modernidad y empecemos este paseo juntos, a través de las palabras, por los rincones que guardan algo de nosotros mismos.
Y, por último, te dejo por aquí una reflexión para que me dejes un comentario:
Si hoy tuvieras que elegir un rincón de La Laguna, que guarde un recuerdo inalterable en tu memoria, ¿cuál sería y por qué crees que sigue habitando en ti con tanta fuerza?
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