Cuando el péndulo calla: el tiempo incesante entre muros de madera.



Cruzar el umbral de ciertos rincones de La Laguna es, a menudo, un ejercicio de suspensión temporal. Mientras las manecillas invisibles de la ciudad siguen avanzando sobre los adoquines, en el interior de un viejo caserón o en la penumbra de un comercio tradicional, o en alguna esquina antigua de las casas, un objeto silencioso nos desafía. 

En ese reloj iba el andar del tiempo del pasado que se ha parado definitivamente en el presente. Una caja de madera, con un péndulo roto que se paró definitivamente hace mucho tiempo. El péndulo paró, pero el tiempo no para nunca, siempre incesante. 

Para quienes percibimos el mundo con una intensidad diferente, donde los ritmos externos a veces resultan abrumadores y las pausas son un refugio necesario, observar ese silencio resulta magnético. El contraste es absoluto: fuera, la prisa de la vida; dentro, la quietud absoluta de un engranaje cansado. 

Porque el tiempo no se encapsula ni para siquiera en esa cajita de madera con números, que se quedó en la antigüedad, y que ha sobrevivido a ella. Puedo verla todavía, pero ya no marca la hora. El reloj ha renunciado a su tiranía cronológica para convertirse en arte y en recuerdo familiar, en un testigo mudo de los días que se deslizan sin pedir permiso. En el antiguo amigo sin el cual no eras consciente del tiempo que pasaba antes de todas las tecnologías que usamos ahora. 

Al igual que una partitura musical que conserva sus notas musicales aunque nadie la esté interpretando en ese instante, este viejo guardián de madera nos demuestra que la historia de un lugar no se mide solo en minutos, sino en la memoria que dejamos impregnada en sus esquinas. El péndulo ha descansado, pero nosotros seguimos caminando. 

Cuando paseas por las calles o simplemente miras el pasado que todavía existe en tu hogar, ¿te has detenido alguna vez ante un objeto que parece haberle ganado la batalla al presente? ¿Qué verdades te susurra al oído el silencio de lo que ya no avanza?

Con cariño, 

Lady Lacunensis Europaspy

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